¿Quién merece favores divinos? ¿A quién le debe Dios algo? ¿Qué persona podrá decir que por la vida que ha vivido, o porque mantiene una relación estrecha con Dios, tiene derechos sobre Él? Nadie. Dios no le debe nada a nadie. Ningún ser humano podrá jamás hacerle reclamos a Dios. ¿Bendice Dios al hombre? Seguro que sí. Pero nunca a base de méritos humanos. Es siempre a base del incomparable amor divino. A ese amor inmerecido le llamamos «gracia». Y ese amor, por ser precisamente «gracia», amor inmerecido, está a disposición de todo el que humildemente y en arrepentimiento lo busca. Siendo inmerecido, se dispensa sin discriminación. Por eso podemos, con absoluta seguridad, encontrar refugio en Jesucristo. «Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso» (Mateo 11:28) Esa es una promesa incondicional. Él la ofrece a cambio de nuestro sincero clamor. Acudamos, en nuestro dolor, a Cristo. Él sólo espera que lo llamemos.

Sobre el autor