“Cumplan todo sin quejas ni discusiones; así no tendrán fallas ni defecto y serán hijos de Dios  sin reproche en medio de una generación descarriada y pervertida. Ustedes son luz en medio de ellos, como las estrellas del universo.” Filip. 2, 14-15

Tu has estado en una larga travesía ascendente y casi no te quedan energías. Aunque ha habido momentos en has flaqueado, no te has soltado mi mano.
Me alegra tu deseo de estar cerca de mi. Hay una cosa, sin embargo, que no me gusta y esta es tu tendencia a quejarte. Debes decirme todo lo que desees acerca de las dificultades que encuentras en el camino por el cual vamos andando. Yo entiendo mejor que nadie las tensiones y fatigas que te han afligido. Puedes hablarme con toda confianza porque el hacerlo templa tus pensamientos y te ayuda a ver las cosas desde mi perspectiva.

Quejarse a otros abre la puerta a pecados fatales tales como la autoconmiseración y la ira. Cada vez que sientas que estás siendo tentado a lamentarte ven a mí y háblame de eso. Al hacerlo, yo pondré mis pensamientos en tu mente y mi canción en tu corazón.

 

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