Donde hay serpientes, hay veneno, y la muerte se acerca con movimientos traicioneros. La serpiente nunca avisa cuándo va a atacar. Prefiere el silencio, la sorpresa, el golpe fulminante. La serpiente, en la Biblia, es símbolo de Satanás y del pecado. El diablo sabe tentar, seducir, engañar y embaucar. Puede mantener al ser humano bajo su influencia y poder, y puede incitarlo a hacer toda clase de actos horrendos. Pero el diablo no es todopoderoso. «Resistan al diablo, y él huirá de ustedes» (Santiago 4:7) Jesucristo, el Hijo de Dios, es Todopoderoso, y puede neutralizar a Satanás y dejarlo impotente. También nosotros, en el nombre y el poder de Cristo, podemos neutralizar cualquier intento destructivo del diablo. Pero es posible únicamente en el poder del Señor Jesucristo. No nos demos por vencidos. Cristo quiere ser nuestro defensor. Permitamos que Él sea nuestro Señor, Maestro y Salvador.

Sobre el autor