NUESTROS PILARES ESPIRITUALES

“Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos. Lo que hemos mirado y nuestras manos han palpado acerca del Verbo que es Vida. La vida se dio a conocer, la hemos visto y somos testigos, y les anunciamos la Vida Eterna. Estaba con el Padre, y se nos apareció. Lo que hemos visto y oído se lo damos a conocer.” 1Juan 1, 1-3a

 

infundire mi esLa Asociación María Santificadora participa de la espiritualidad de la Renovación Católica Carismática y tiene su sede principal en la Arquidiócesis de Bogotá.
De estos 35 años de actividades  cabe resaltar la profunda devoción de todos los miembros de la Asociación hacia la celebración eucarística, fuente y culmen de toda vida cristiana y hacia la Presencia Adorable del Santísimo Sacramento.

A lo largo de estos 35 años, hemos visto milagros de sanación de enfermedades incurables como el cáncer, el lupus, etc.; conversiones;  perdón y unidad en las parejas y sus familias; reconciliación con la sociedad en miembros desmovilizados de grupos al margen de la ley, recuperación de enfermos y sanación del dolor en hombres lisiados física, mental, moral y espiritualmente, por la guerra que se vive en Colombia. Hemos visto el gozo en personas que  privadas de la libertad han encontrado al Salvador que libera sus obsesiones de suicidio, depresión y diversas adicciones. Por el poder del Nombre y la Sangre de Jesús, hemos visto como mujeres, niños y jóvenes han sido arrancados de las tinieblas del satanismo, la Nueva Era, el ocultismo y de un sinnúmero de ataduras intergeneracionales o adquiridas.

¿Cómo hemos logrado todo esto? Gracias a que el Espíritu Santo nos guió a fundar y perseverar en esta Asociación donde hemos aprendido a alabar a Dios,  a ayunar, proclamar y vivir la Palabra de Dios. Además de todo esto, hemos experimentado especialmente el amor de Dios que nos ha enseñado a amarnos entre nosotros y a amar a los demás, y este amor es el que se ha manifestado en los milagros. Hemos visto surgir los carismas del Espíritu Santo y con estas herramientas hemos podido ejercer los ministerios, poniéndolos al servicio de nuestros hermanos necesitados y de nosotros mismos. (Concilio Vaticano II, Constitución Lumen Gentium, cap. 2, numeral 12, p.27). Y gracias a este servicio, se logra un crecimiento espiritual para así extender el Reino de Dios.

El Padre Benigno Juanes define la Renovación Católica Carismática como: “El acontecimiento de Pentecostés repetido en nuestros días, para una renovación individual y comunitaria en toda la vida cristiana, bajo el impulso y el poder del Espíritu de Jesús y de sus dones”.  *

El Pontificio Consejo para los Laicos aprobó los estatutos del Servicio Internacional de la Renovación Católica Carismática (International Catholic Charismatic Renewal Services, ICCRS), en los cuales se definen los objetivos centrales de la Renovación, adoptados por la comunidad como propios:

  • Promover una conversión personal, madura y continua a Jesucristo, Señor y Salvador.
  • Propiciar una apertura decisiva hacia la persona del Espíritu Santo y su poder.
  • Fomentar la recepción y uso de los dones espirituales y carismas, no sólo en la Renovación Carismática, sino también en la Iglesia como comunidad de fieles.
  • Animar la obra de la Evangelización en el poder del Espíritu Santo.
  • Impulsar el crecimiento progresivo en la santidad.

Estos objetivos se han vivenciado de manera maravillosa en la comunidad mediante la oración, la enseñanza, el seguimiento de la Palabra de Dios, el servicio en los ministerios y la exhortación permanente, pero siempre, partiendo de una conversión inicial a Jesús, seguimiento de su evangelio y entrega en el servicio para alcanzar la santidad.

Dentro de nuestra espiritualidad, la Virgen María ha desempeñado un papel importantísimo porque ella es la primera carismática: es la esposa del Espíritu Santo y es la Madre de la Iglesia en Pentecostés. En nuestra comunidad se le rinde homenaje especial en todos los congresos y en cada grupo o asamblea semanal,  a través del ofrecimiento del Santo Rosario.

La Asociación ha mantenido siempre un vínculo estrecho con la jerarquía de la Iglesia Católica inicialmente por medio de los sacerdotes. El primer sacerdote que nos apoyó de manera permanente fue el Padre Diego Zuñiga de la comunidad de San Vicente, encargado de la formación de seminaristas. Monseñor Fabio Suescún Mutis nos invitó a formar parte del Consejo Arquidiócesano de Laicos. Más adelante, fue el mismo Cardenal Pedro Rubiano quién apoya la Asociación nombrando un capellán y el regalo más preciado: El Santísimo Sacramento.

 

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*Juanes, Benigno . María y el Espíritu Santo. Editorial San Pablo, Bogotá, 1998.p.10