El Papa Francisco inició un nuevo ciclo de catequesis sobre el Sacramento de la Confirmación en la Audiencia General del miércoles, aprovechando la reciente celebración de Pentecostés, en la que habló del “testimonio que el Espíritu Santo suscita en los bautizados”.

“Aquél que de verdad puede ser sal que da sabor y preserva de la corrupción, y luz que ilumina el mundo, es solo el Espíritu Santo”, señaló para añadir después que “el testimonio cristiano consiste en hacer sólo todo aquello que el Espíritu de Cristo nos pide, concediéndonos la fuerza de cumplirlo”.

Francisco aseguró que “renacer a la vida divina en el Bautismo es el primer paso” y para esto “hay que comportarse como hijos de Dios, es decir, conforme a Cristo que trabaja en la santa Iglesia, dejándose alcanzar por su misión en el mundo”.

Recordó que “como toda la vida de Jesús fue animada por el Espíritu, así también la vida de la Iglesia y de cada uno de sus miembros está bajo la guía del mismo Espíritu”.

“El respiro de Cristo Resucitado llena de vida los pulmones de la Iglesia, y en efecto, las bocas de los discípulos, ‘colmadas de Espíritu Santo, se abren para proclamar a todos las grandes obras de Dios”.

El Pontífice expresó que Pentecostés “es para la Iglesia aquello que para Cristo fue la unción del Espíritu recibida en el Jordán, es decir, el impulso misionero de consumir la vida para la santificación de los hombres, a gloria de Dios”.

“En todo sacramento opera el Espíritu, y en modo especial en la Confirmación”, subrayó.

El Santo Padre concluyó recordando que en este Sacramento “es Cristo el que nos colma de su Espíritu, consagrándonos sus testigos, partícipes del mismo principio de vida y de misión según el diseño del Padre celeste”.

 

.Durante la Misa del Domingo de Pentecostés, celebrada este 20 de mayo en la Basílica de San Pedro del Vaticano, el Papa Francisco animó a confiar en el Espíritu Santo a aquellos que sienten sus corazones cerrados por el miedo.

El Pontífice comparó el Espíritu Santo con un viento fuerte que “entra en las situaciones y las transforma, cambia los corazones y camba los acontecimientos”.

El Santo Padre explicó que “el Espíritu libera los corazones cerrados por el miedo. Vence las resistencias. A quien se conforma con medias tintas, le ofrece ímpetus de entrega. Ensancha los corazones estrechos. Anima a servir a quien se apoltrona en la comodidad. Hace caminar al que se cree que ya ha llegado. Hace soñar al que cae en tibieza. He aquí el cambio del corazón”.

Frente a aquellos que “prometen períodos de cambio, nuevos comienzos, renovaciones portentosas”, la experiencia enseña que “ningún esfuerzo terreno por cambiar las cosas satisface plenamente el corazón del hombre”.

Por el contrario, “el cambio del Espíritu es diferente: no revoluciona la vida a nuestro alrededor, pero cambia nuestro corazón; no nos libera de repente de los problemas, pero nos hace libres por dentro para afrontarlos; no nos da todo inmediatamente, sino que nos hace caminar con confianza, haciendo que no nos cansemos jamás de la vida”.

“El Espíritu mantiene joven el corazón –esa renovada juventud. La juventud, a pesar de todos los esfuerzos para alargarla, antes o después pasa; el Espíritu, en cambio, es el que previene el único envejecimiento malsano, el interior”.

“¿Cómo lo hace?”, se preguntó el Pontífice: “Renovando el corazón, transformándolo de pecador en perdonado. Este es el gran cambio: de culpables nos hace justos y, así, todo cambia, porque de esclavos del pecado pasamos a ser libres, de siervos a hijos, de descartados a valiosos, de decepcionados a esperanzados. De este modo, el Espíritu Santo hace que renazca la alegría, que florezca la paz en el corazón”.

El Papa continuó explicando en su homilía que, tras cambiar los corazones, “el Espíritu cambia los acontecimientos. Como el viento sopla por doquier, así él llega también a las situaciones más inimaginables”.

En su homilía explicó que se trata de una mala señal cuando “se prefiere la tranquilidad doméstica a la novedad de Dios”. Esa mala señal quiere decir “que se busca resguardarse del viento del Espíritu. Cuando se vive para la auto-conservación y no se va a los lejanos, no es un buen signo. El Espíritu sopla, pero nosotros arriamos las velas”.

Sin embargo, “tantas veces hemos visto obrar maravillas. A menudo, precisamente en los períodos más oscuros, el Espíritu ha suscitado la santidad más luminosa. Porque Él es el alma de la Iglesia, siempre la reanima de esperanza, la colma de alegría, la fecunda de novedad, le da brotes de vida. Como cuando, en una familia, nace un niño: trastorna los horarios, hace perder el sueño, pero lleva una alegría que renueva la vida, la impulsa hacia adelante, dilatándola en el amor”.

De este modo, “el Espíritu trae un ‘sabor de infancia’ a la Iglesia. Obra un continuo renacer. Reaviva el amor de los comienzos. El Espíritu recuerda a la Iglesia que, a pesar de sus siglos de historia, es siempre una veinteañera, la esposa joven de la que el Señor está apasionadamente enamorado. No nos cansemos por tanto de invitar al Espíritu a nuestros ambientes, de invocarlo antes de nuestras actividades: “Ven, Espíritu Santo”.

El Papa Francisco finalizó su homilía pidiendo al Espíritu Santo que sople “sobre nosotros. Sopla en nuestros corazones y haznos respirar la ternura del Padre. Sopla sobre la Iglesia y empújala hasta los confines lejanos para que, llevada por ti, no lleve nada más que a ti. Sopla sobre el mundo el calor suave de la paz y la brisa que restaura la esperanza. Ven, Espíritu Santo, cámbianos por dentro y renueva la faz de la tierra”.

En un reciente encuentro con una delegación de la Diócesis de Roma, el Papa Francisco compartió una anécdota para advertir sobre la influencia de prácticas new age dentro de la Iglesia.

El encuentro se realizó en la Basílica de San Juan de Letrán el lunes 14 de mayo.

El Santo Padre recordó que “hace unos años en Buenos Aires hubo unos ejercicios espirituales que en la primera semana proponía técnicas psicológicas un poco orientalistas, extrañas. Iba gente por la novedad, pero no sacaban nada, porque solo iban por lo nuevo”.

“La novedad -dijo el Papa- puede acabarse con un buen puño de realidad: el sacerdote que daba los ejercicios tenía una doctrina especial sobre la espiritualidad y el cosmos. Había una hermana, de unos 60 años (…) una española valiente” que lo puso en su lugar.

El Pontífice narró que “este sacerdote tenía un método orientalista para hacer los ejercicios. Siempre aconsejaba a las hermanas que en la mañana debían darse un baño de vida. Hizo sentar a la hermana con otras 20 en un círculo y les decía: relájate, estírate”.

“La española escuchaba y digería; pero luego de la segunda meditación le dijo al sacerdote: ‘Vine a hacer ejercicios espirituales y no gimnasia. Muchas gracias y adiós’ Y se fue. A veces, se quiere gente que nos dé una cachetada, cuando estamos buscando la novedad: buscar la crema sin la torta”.

Francisco dijo luego que ante este tipo de actitudes y otras similares “debemos buscar aquello que hace Iglesia, el pasto que nos hace crecer como Iglesia. El peligro en este caso lo he señalado en la exhortación sobre la santidad: el gnosticismo. Buscamos cosas sin entrar en la encarnación y así nos hacernos más individualistas, más aislados”.“Uno siempre debe mirarse… Las personas que solo se miran a sí mismas y buscan el ‘menú personal’, no lo que indica el médico, sino solo lo que me gusta, muestran esta ansiedad de novedad. Me refiero a cristianos valientes que quieren ir adelante pero buscan esto y aquello, solo novedad. Cuando uno busca solo novedad necesita una voz realista que le diga: mira, tienes que ir a lo esencial, anda a lo esencial; no a la novedad”, resaltó.

Este domingo en muchos países, como la propia Italia, se celebra el día de la madre. Por ello, el Papa Francisco dedicó una pequeña reflexión después de rezar el Regina Coeli.

“Siendo hoy la jornada dedicada a las madres en muchos países, ‘¡demos un aplauso a las madres!, pidió a los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro.

“Me gustaría saludar a todas las madres, dándoles las gracias por cuidar a las familias”, expresó.

El Santo Padre dijo luego que “recuerdo también a las madres que nos miran desde el cielo y continúan cuidándonos con la oración”.

“Oremos a nuestra Madre celeste, que hoy 13 de mayo, con el nombre de Nuestra Señora de Fátima, nos ayuda a proseguir el camino”, dijo.

Una de las principales actividades de la agenda del día del Papa Francisco fue un encuentro con Su Beatitud Rastislav, Metropolita de las Tierras Checas y de Eslovaquia, y Arzobispo de Prešov, en el que renovó el llamado a la unidad y a la búsqueda de una paz común.

El Papa pidió bendecir “a Dios por los lazos espirituales que nos unen y que nos animan a continuar en la construcción mutua y en la búsqueda común de la paz, don del Resucitado”.

Recordó a su vez que en la Basílica de San Clemente se encuentra la tumba de San Cirilo, “apóstol de los eslavos, cuya predicación ha difundido la fe en las tierras donde vuestra Iglesia desarrolla su misión”.

En su discurso, mencionó que “todavía hoy día los sufrimientos de muchos hermanos y hermanas perseguidos a causa del Evangelio son un reclamo urgente, que nos interpela a buscar una mayor unidad”.

Al hablar de la evangelización, afirmó que “para anunciar al Señor no basta reafirmar los esquemas del pasado, sino que lleva consigo la escucha del Espíritu Santo, que siempre inspira vías nuevas y valientes para evangelizar a los contemporáneos”.

“Lo hace también hoy, también en países tradicionalmente cristianos a menudo marcados por la secularización y la indiferencia”.

El ejemplo de los santos Cirilo y Metodio “nos recuerdan que la unidad no significa uniformidad, sino reconciliación en la diversidad en el Espíritu Santo”, concluyó.

La Santa Sede ha dado a conocer el Estatuto definitivo que regirán el nuevo Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida que el Papa Francisco instituyó el 4 de junio de 2016 y comenzó a funcionar el 1 de septiembre del mismo año, sustituyendo al Pontificio Consejo para los Laicos.

El nuevo Estatuto será efectivo desde el 13 de mayo de 2018.

Este es el texto del Estatuto:

Estatuto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida

Art. 1 El Dicasterio es competente en aquellas materias que son de pertinencia de la Sede Apostólica en la promoción de la vida y del apostolado de los fieles laicos, en la pastoral de los jóvenes, de la familia y de su misión, de acuerdo con el plan de Dios y en la protección y el apoyo de la vida humana. A estos efectos, de acuerdo con los principios de colegialidad, sinodalidad y subsidiariedad, el Dicasterio mantiene relaciones con las Conferencias Episcopales, las Iglesias locales y otros organismos eclesiales, promoviendo el intercambio entre ellos y ofreciendo su colaboración para que se promuevan los valores y las iniciativas relacionadas con dichas materias.

Art. 2 El Dicasterio está presidido por el Prefecto, asistido por un Secretario, que podría ser un laico, y al menos dos Subsecretarios laicos, y está dotado con un número adecuado de funcionarios, clérigos y laicos, elegidos, en la medida de lo posible, de las diferentes regiones del mundo, según las normas vigentes en la Curia romana.

Art. 3 § 1. El Dicasterio tiene sus propios miembros, entre los cuales fieles laicos, hombres y mujeres, solteros y casados, comprometidos en diferentes campos de actividad y procedentes de diversas partes del mundo, reflejando así el carácter universal de la Iglesia.

§ 2. Tiene sus propios consultores.

§ 3. El Dicasterio sigue en todo las normas establecidas para la Curia Romana.

Art. 4 Promueve y organiza conferencias internacionales y otras iniciativas sea relativas al apostolado de los laicos, a los jóvenes, a la institución matrimonial y a la realidad de la familia y de la vida en el ámbito eclesial, sea inherentes a la condición social y humana del laicado, de los jóvenes, de la institución familiar y de la vida humana en el ámbito de la sociedad.

Art. 5 Al Dicasterio corresponde animar y fomentar la promoción de la vocación y de la misión de los fieles laicos en la Iglesia y en el mundo, como individuos, casados o no, y también como miembros pertenecientes a asociaciones, movimientos, comunidades. También promueve estudios para contribuir a la profundización doctrinal de los temas y cuestiones relacionadas con los fieles laicos.

Art. 6 § 1. Favorece en los fieles laicos la conciencia de la corresponsabilidad, en virtud del Bautismo, para la vida y la misión de la Iglesia, de acuerdo con los diferentes carismas recibidos para la edificación común, con una atención particular a la misión peculiar de los fieles laicos de animar y perfeccionar el orden de las realidades temporales (ver LG, 31).

§ 2. En el espíritu de la Constitución pastoral Gaudium et Spes, que invita a hacer propias “las alegrías y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de hoy”, promueve todas las iniciativas que atañen a la acción evangelizadora de los fieles laicos en los diversos sectores de las realidades temporales, teniendo en cuenta la competencia que, en estas mismas materias, tienen otros organismos de la Curia Romana.

§ 3. También promueve la participación de los fieles laicos en la instrucción catequética, en la vida litúrgica y sacramental, en la actividad misionera, en las obras de misericordia, de caridad y de promoción humana y social. Asimismo, apoya y alienta su presencia activa y responsable en la vida parroquial y diocesana, y en los órganos consultivos de gobierno presentes en la Iglesia a nivel universal y particular.

§ 4. Evalúa las iniciativas de las Conferencias Episcopales que piden a la Santa Sede, según las necesidades de las Iglesias particulares, la institución de nuevos ministerios y oficios eclesiásticos.

Art. 7 § 1. Dentro del ámbito de su competencia, el Dicasterio acompaña la vida y el desarrollo de las agregaciones de los fieles y los movimientos laicos; erige, además, los que tienen carácter internacional y aprueba o reconoce los estatutos, sin perjuicio de la competencia de la Secretaría de Estado; también se ocupa de los posibles recursos administrativos relativos a las materias que competen al Dicasterio.

§ 2. Por cuanto respecta a las Terceras Órdenes seculares y a las asociaciones de vida consagrada, se ocupa solamente de lo que se refiere a su actividad apostólica.

Art. 8 Expresa la solicitud particular de la Iglesia por los jóvenes, promoviendo su protagonismo en medio de los desafíos del mundo actual. Apoya las iniciativas del Santo Padre en el ámbito de la pastoral juvenil y está al servicio de las Conferencias episcopales, de los movimientos y asociaciones juveniles internacionales, promoviendo su colaboración y organizando encuentros a nivel internacional. Una tarea clave de su actividad es la preparación de las Jornadas Mundiales de la Juventud.

Art. 9 El Dicasterio trabaja para profundizar la reflexión sobre la relación entre el hombre y la mujer en su respectiva especificidad, reciprocidad, complementariedad e igual dignidad. Valorizando el “genio” femenino, contribuye a la reflexión eclesial sobre la identidad y la misión de las mujeres en la Iglesia y en la sociedad, promoviendo su participación.

Art. 10 § 1. A la luz del magisterio papal, promueve la atención pastoral de las familias, protege su dignidad y su bien basados en el sacramento del matrimonio, favorece sus derechos y responsabilidades en la Iglesia y en la sociedad civil, para que la institución familiar pueda cumplir cada vez mejor sus funciones tanto en el ámbito eclesial como social.

§ 2. Discierne los signos de los tiempos para valorizar las oportunidades a favor de la familia, para hacer frente con la confianza y la sabiduría del Evangelio a los desafíos que la atañen y aplicar en el hoy de la sociedad y de la historia el plan de Dios sobre el matrimonio y la familia. En este sentido, promueve conferencias y eventos internacionales, en particular el Encuentro Mundial de las Familias.

§ 3. Sigue la actividad de los institutos, asociaciones, movimientos y organizaciones católicas, nacionales e internacionales, cuyo propósito es servir al bien de la familia.

Art. 11 § 1. Se ocupa de la profundización de la doctrina sobre la familia y de su divulgación a través de una catequesis adecuada; favorece, en particular, los estudios sobre la espiritualidad del matrimonio y la familia y su faceta formativa.

§ 2. Ofrece directrices para los programas de formación de los novios que se preparan para el matrimonio y para los recién casados. Expresa la solicitud pastoral de la Iglesia también en relación con las situaciones llamadas “irregulares” (véase AL, 296-306).

§ 3 También ofrece directrices para los programas pastorales que sostienen a las familias en la educación de los jóvenes en la fe y en la vida eclesial y civil, con una atención especial a los pobres y marginados, así como al diálogo entre generaciones.

§ 4. Favorece la apertura de las familias a la adopción y a la acogida de los niños y al cuidado de las personas mayores, haciéndose presente en las instituciones civiles para que apoyen dichas prácticas.

Art. 12 Tiene un vínculo directo con el “Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II para las Ciencias del Matrimonio y la Familia”, sea con la sede central como con los institutos afiliados, para promover una línea común en los estudios sobre el matrimonio, la familia y la vida.

Art. 13 § 1. Sostiene y coordina iniciativas a favor de la procreación responsable, así como para la protección de la vida humana desde la concepción hasta su fin natural, teniendo en cuenta las necesidades de la persona en las diversas fases evolutivas.

§ 2. Promueve y alienta a las organizaciones y asociaciones que ayudan a la mujer y a la familia a recibir y apreciar el don de la vida, especialmente en el caso de embarazos difíciles, y a prevenir el aborto. También apoya programas e iniciativas destinados a ayudar a las mujeres que hubieran abortado.

Art. 14 Sobre la base de la doctrina moral católica y del Magisterio de la Iglesia estudia y promueve la formación sobre los principales problemas de la biomedicina y del derecho relativos a la vida y sobre las ideologías en fase de desarrollo que atañen a la vida humana inherente y a la realidad del género humana.

Art. 15 La Pontificia Academia para la Vida está vinculada con este Dicasterio, el cual, sobre los temas y cuestiones mencionados en el art. 13 y 14 hace uso de su competencia.

El presente Estatuto está aprobado ad experimentum. Ordeno que sea promulgado a través de la publicación en L’Osservatore Romano y luego publicado también en Acta Apostolicae Sedis, entrando en vigor el 13 de mayo de 2018.

En el Vaticano, 10 de abril 2018. FRANCISCO

A partir de la Primera Lectura del día, del Libro de los Hechos de los Apóstoles, en el que se narran los problemas que padecía la comunidad cristiana de Antioquía, el Papa Francisco reflexionó en la homilía de la Misa celebrada en la Casa Santa Marta este viernes 4 de mayo sobre la importancia del Obispo en la vida de la Iglesia particular.

En la Lectura se narra cómo al ser conocedores del desaliento de la comunidad de Antioquía por la acción de determinadas personas que trataban de reconocerse como poseedores de la ortodoxia, los apóstoles enviaron una carta en la que aclaraban la doctrina. El fragmento del Libro de los Hechos de los Apóstoles finaliza señalando que los cristianos de Antioquía leyeron la carta “y se gozaron al recibir aquel aliento”.

De esta manera, “los apóstoles, los Obispos de hoy, confirman al pueblo en la fe”, señaló el Santo Padre. “El Obispo es el que supervisa, el que vigila. Es el centinela que hace guardia para defender al rebaño de los lobos que acechan”.

“Hacer guardia significa implicarse en la vida del rebaño. Jesús distingue bien al verdadero pastor del rutinario, de aquel que se mueve por el sueldo y que no le interesa si viene el lobo y se come a una. No le interesa”.

Por el contrario, continuó el Papa, “el verdadero pastor que vigila, que se implica en la vida del rebaño no sólo defiende a todas las ovejas, sino que defiende a cada una, confirma a cada una, y si una se va, o se pierde, va a buscarla y la devuelve al redil. Está tan implicado que no permite que se pierda ninguna”.

Francisco subrayó que Jesús concibió la figura del Obispo como un pastor cercano que conoce el nombre de cada una de sus ovejas.

“Cuántas veces hemos escuchado decir: ‘¡Este Obispo! Sí, es bueno, pero no se preocupa mucho por nosotros, siempre está ocupado’. O también: ‘Este Obispo se involucra en negocios, es un poco negociante, y eso no es bueno’. O ‘este Obispo siempre con la maleta en mano, siempre de viaje por todos lados’”.

La conclusión del Papa fue que “el Pueblo de Dios sabe cuándo el pastor es pastor, cuándo el pastor es cercano, cuando el pastor sabe hacer guardia y dar la vida por ellos. La cercanía”.

El Pontífice finalizó su homilía pidiendo al Señor “que nos conceda siempre buenos pastores, que no falte en la Iglesia la protección de los pastores: no podemos ir adelante sin ellos. Que sean hombres así, trabajadores, de oración, cercanos, cercanos al pueblo de Dios. Digámoslo en una palabra: hombres que sepan hacer guardia”.

El Papa Francisco quiso celebrar el 1 de mayo, Día del Trabajo y festividad de San José Obrero, con un mensaje publicado en la red social Twitter en el que anima a recordar que “el trabajo es un elemento fundamental para la dignidad de la persona”.

No es la primera vez en que el Santo Padre insiste en la necesidad de que toda persona cuente con un trabajo digno justamente remunerado como uno de los pilares de la dignidad humana. En el video de intenciones de oración correspondiente al mes de octubre de 2017, Francisco destacó que “debemos recordar siempre la dignidad y los derechos de los trabajadores”.

Por otro lado, durante su viaje pastoral a la Archidiócesis de Génova, el 27 de mayo de 2017, aseguró ante trabajadores de la industria siderúrgica que “los lugares del trabajo y de los trabajadores son también lugares del pueblo de Dios”.

“Trabajando nos volvemos más personas. Nuestra humanidad florece, los jóvenes se vuelven adultos trabajando”, insistió el Pontífice en aquella ocasión, en que también subrayó que “los hombres y las mujeres se nutren del trabajo como el trabajo es fuente de dignidad”.

Asimismo, ante representantes sindicales italianos durante una audiencia celebrada en el Aula Pablo VI del Vaticano el 28 de junio de 2017, el Obispo de Roma abogó por un nuevo pacto social en el que se garantice el derecho a una pensión para aquellos ancianos que ni quieren ni pueden trabajar, y el trabajo a los jóvenes que quieren y deben trabajar, además de rechazar las “pensiones de oro”, tan injustas como las “pensiones pobres”.

Ante los sindicalistas, afirmo que “’persona’ y ‘trabajo’ son dos palabras que pueden y deben estar unidas. Porque si pensamos y decimos ‘trabajo’ sin ‘persona’, el trabajo termina por convertirse en algo deshumano, olvidando a la persona, se olvida y se abandona a sí mismo”.

La Fiesta de San José Obrero, patrono de los trabajadores, se celebra el 1 de mayo desde el año 1955, en que fue instituida por el Papa Pío XII ante un grupo de obreros reunidos en la Plaza de San Pedro del Vaticano.

No es la primera vez en que el Santo Padre insiste en la necesidad de que toda persona cuente con un trabajo digno justamente remunerado como uno de los pilares de la dignidad humana. En el video de intenciones de oración correspondiente al mes de octubre de 2017, Francisco destacó que “debemos recordar siempre la dignidad y los derechos de los trabajadores”.

Durante la homilía de la Misa celebrada en la Casa Santa Marta, el Papa Francisco explicó la diferencia entre la curiosidad buena y la mala, algo que señaló que es de gran importancia, pues “nuestra vida está llena de curiosidad”.

El Santo Padre se apoyó en el Evangelio del día, de San Juan, en el que Jesús dialoga con los apóstoles sobre la manifestación del Señor a sus discípulos. Según el Pontífice, este diálogo es un “diálogo entre la curiosidad y la certeza”.

Afirmó que la “curiosidad buena” es como la de los niños cuando se encuentran en la “edad del por qué”. Consiste en preguntarse el “por qué” de las cosas buscando una explicación. Esta curiosidad buena permite “tener más autonomía”.

Por el contrario, la “curiosidad mala” es la de las habladurías y los “chismes”. La mala curiosidad consiste en querer “husmear en la vida de los demás”, indicó Francisco que también advirtió que este tipo de curiosidad es una tentación que acompaña siempre a las personas a lo largo de toda la vida.

Además, indicó que la curiosidad mala se hace todavía más maligna con internet. “En el mundo virtual, como los teléfonos y otras herramientas…, los niños van ahí y tienen curiosidad por ver y encuentran muchas cosas malas. No hay una disciplina en esa curiosidad. Debemos ayudar a los chicos a vivir en este mundo, para que el deseo de saber no sea deseo de curiosidad y terminen prisioneros de esa curiosidad”.

En cambio, la curiosidad de los apóstoles en el Evangelio es una curiosidad buena: quieren saber lo que sucederá y Jesús responde con certezas. Les señala que “la certeza se la dará el Espíritu Santo. No es que venga el Espíritu Santo con un paquete de certezas. En la medida en que entremos en la vida y pidamos al Espíritu Santo y abramos el corazón, Él nos dará la certeza para ese momento, la respuesta para ese momento”.

“El Espíritu Santo es el compañero, acompaña la vida del cristiano”, destacó. “Pidamos al Señor hoy dos cosas: la primera es que nos purifique en el aceptar la curiosidad y que sepamos discernir: esto no debo verlo, esto no debo pedirlo… Y la segunda gracia, que abramos el corazón al Espíritu Santo porque Él es la certeza, nos da la certeza, como compañero del camino, de las cosas que Jesús nos ha enseñado y que nos recuerda”.

Evangelio comentado por el Papa Francisco:

Juan 14:21-26

21 El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él.»

22 Le dice Judas – no el Iscariote -: «Señor, ¿qué pasa para que te vayas a manifestar a nosotros y no al mundo?»

 

23 Jesús le respondió: «Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él.

24 El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado.

25 Os he dicho estas cosas estando entre vosotros.

26 Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho.

El Papa Francisco manifestó que el fundamento de la Iglesia se encuentra en el servicio y en el amor e invitó a dejarse amar siempre por Dios.

En la homilía de la Misa que presidió en la capilla de la Casa Santa Marta, Francisco comentó el Evangelio del día del Lavatorio de Pies e indicó que de la Eucaristía y de este gesto de servicio “nacen los dos mandamientos que harán crecer a la Iglesia si nosotros somos fieles”.

El Papa recordó luego que sin “el amor sin límites” la “Iglesia no va hacia delante, la Iglesia no respira”.

“Sin el amor no crece, se transforma en una institución vacía, de apariencia, de gestos sin fecundidad. Ir a su cuerpo. Jesús dice como nosotros tenemos que amar, hasta el final”.

El Pontífice recordó las palabras de Jesús en las que afirma que “un siervo no es más grande que su amo, ni un enviado es más grande de quien lo ha mandado”.

“La conciencia de que Él es más grande que todos nosotros, y nosotros somos siervos, y no podemos ir más allá de Jesús. Él es el Señor, no nosotros. Este es el testamento del Señor. Si da de comer y beber, y nos dice. Amaos así. Lava los pies y nos dice: servíos así, pero estad atentos, un siervo nunca es más que aquel que lo envía, de su amo. Son palabras y gestos contundentes: es el fundamento de la Iglesia. Si nosotros vamos adelante con estas tres cosas, no nos equivocaremos nunca”.

Francisco invitó entonces a “dejar que la mirada de Jesús entre en mí. Sentiremos tantas cosas: sentiremos amor, sentiremos quizás nada, nos bloquearemos allí, sentiremos vergüenza. Pero dejar siempre que la mirada de Jesús venga. La misma mirada con la cual miraba en la cena, esa tarde, los suyos. Señor, tú conoces, tú sabes todos”.