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Página 1 de 10 "Por lo demás, háganse robustos en el Señor, con su energía y su fuerza. Pónganse la armadura de Dios, para poder resistir las maniobras de diablo. Porque nuestra lucha no es contra fuerzas humanas, sino contra los Gobernantes y autoridades que dirigen este mundo y sus fuerzas oscuras. Nos enfrentamos con los espíritus y las fuerzas sobrenaturales del mal. Por eso pónganse la armadura de Dios, para que en el día malo puedan resistir y mantenerse en la fila, valiéndose de todas sus armas. Tomen la verdad como cinturón, la justicia como coraza y, como calzado el celo por propagar el evangelio de la paz. Tengan siempre en la mano el escudo de la fe, y así podrán atajar las flechas incendiarias del demonio. Por último, usen el casco de la salvación y la espada del Espíritu, o sea la Palabra de Dios. Vivan orando y suplicando. Oren en todo tiempo, según los inspire el Espíritu. Velen en común y prosigan sus oraciones, sin desanimarse nunca, intercediendo a favor de todos los hermanos." Efesios 6:11-18
Estamos en guerra. La carrera armamentista que vivimos actualmente es solo un reflejo temporal y terrenal de la verdadera guerra que se está librando en los lugares celestiales, la gran batalla espiritual entre Dios y el diablo en el campo de batalla de nuestra alma, donde está en juego toda la eternidad. Dios hoy nos llama a ser soldados de Cristo, para ayudar a conseguir la victoria final. Dios no lo hará todo por si mismo. El nos llama como soldados voluntarios a convertimos en poderosos guerreros. El quiere que aprendamos a luchar y a ganar las batallas cuando nos enfrentemos al enemigo. El quiere hacernos vencedores, en nuestra lucha contra el diablo que viene a hurtar, matar y destruir nuestra vida, nuestra familia, y nuestra Iglesia. El Hombre en su lucha espiritual tiene tres enemigos, mundo demonio y carne, y debemos batallar contra los tres. Es la lucha del hombre entre el bien y el mal. Si queremos obtener la victoria sobre estos enemigos debemos convertirnos en guerreros espirituales, así nuestra vida y la de nuestros seres queridos será totalmente diferente. Satanás ronda a nuestro alrededor como un león rugiente buscando a quien devorar, con el propósito de hacernos daño, atormentarnos y destruir todo lo bueno que Dios nos ha dado. Debemos estar decididos a luchar con todas nuestras fuerzas contra el enemigo. Determinados a ganar la batalla y finalmente la guerra. La batalla la podemos hacer por nosotros mismos o interceder por nuestra familia o por cualquier situación, o país. Si queremos ser libres de pecado y de las ataduras que nos pone Satanás debemos luchar en oración y ayuno. Qué es la lucha de fe contra el pecado y las fuerzas del mal? Es traer ante Jesús, en la oración diaria nuestras debilidades y pecados y proclamar la victoria del Señor sobre ellos, clamando la sangre del Cordero, que tiene el poder para purificarnos de las inclinaciones pecaminosas de nuestro carácter. Hoy en día está aumentado el número de personas que han llegado a ser esclavos de Satanás por medio del ocultismo y otras ataduras pecaminosas. Solamente podrán ser liberados si oramos correctamente por ellos. Tenemos que luchar con oración hasta que Satanás entregue su botín; tenemos que usar las armas que Dios nos ha dado para este combate. Cuando iniciemos la batalla espiritual es necesario estar totalmente limpios de pecado, para que Satanás no tenga ni el más mínimo derecho sobre nosotros, y que nuestras oraciones tengan autoridad. Es preciso invocar la preciosa Sangre del Señor cuando iniciemos la batalla de oración por nosotros mismos o por otras almas. Hay gran poder en la Sangre del Cordero. Satanás no puede oír que sea invocada la preciosa Sangre de Jesús, con la cual hemos sido redimidos, al escuchar esta invocación Satanás se ve forzado a dejar libres a las almas. Los cristianos estamos obligados a luchar si queremos vencer en esta Guerra Espiritual. Dios nos ha provisto de todas las armas necesarias para destruir las fortalezas y obtener la victoria, estas son: • Invocar la Preciosa Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. • Proclamar su Palabra sobre nuestra vida. • Proclamar el Nombre poderoso de Jesús. • La alabanza y adoración. • La oración diaria y el ayuno. • Frecuentar los Sacramentos, especialmente la Santa Comunión. • El rezo del Santo Rosario. • La invocación a los Santos Ángeles.
Todas estas armas son de gran ayuda para afirmarnos en la victoria y redención que Jesús ganó para nosotros. Los contenidos de el Índice del artículo nos darán una mayor explicación sobre cada una de estas poderosas armas espirituales que los creyentes tenemos a nuestra disposición. Estudiémoslas con atención y practiquémoslas, así seremos victoriosos sobre todas las circunstancias adversas de nuestra vida y la vida de nuestros seres amados.
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